Hasta hoy. Un juzgado ha ejecutado una orden de desahucio del local que ocupaba el gimnasio seguramente por no pagar el alquiler. Lo que hasta cierto punto es justo y lógico. Uno no paga, el impagado hace valer sus derechos, la justicia hace lo que tiene que hacer. El cierre del gimnasio y la consecuente pérdida de trabajo de unas personas, tal vez muchas para las necesidades del gimnasio, que no cobraban, según se decía, desde hacía varios meses ha coincidido con la publicación de unas previsiones del Fondo Monetario Internacional en las que se asegura que España será el único país “avanzado” cuya economía seguirá sin crecer en 2010. Que el producto interior bruto baje unas décimas o que la renta per capita de España vuelva a ser más baja que la de Italia son meros ejercicios estadísticos. La estadística dice, por ejemplo, que si tenemos un pollo y cuatro personas, a cada persona le correspondería una cuarta parte del pollo, aunque en realidad, lo más probable es que no sea así y que haya dos personas que se queden con todo el pollo (si no una) y al resto que les zurzan. Pura matemática. La realidad es que el cierre del gimnasio ha dejado a más de una decena de personas sin trabajo remunerado, y sin trabajo remunerado uno no paga las facturas, no puede comprar en el supermercado, no puede tener una hipoteca, no puede irse de viaje, no puede hacer lo que le plazca. El dinero no da la felicidad, pero ayuda, ciertamente, y como el dinero no cae del cielo, hay que hacer algo para conseguirlo. Y esto, que parece de Perogrullo, es la base del sistema económico con el que nos toca vivir.

Me había acostumbrado al gimnasio. Es lo que tiene ser una persona rutinaria, que se amolda uno rápido a lo que hay. A Diana y Laura, las monitoras de sala. A las encargadas de los vestuarios (siempre sudamericanas, ¿por qué?) Al chico rapado con el tatuaje de Amy Winehouse en el brazo. A la pareja en la que uno le recriminaba al otro que utilizará una bicicleta estática con pantalla (¿qué, jugando a la play?, fue lo último que le escuche decir el pasado viernes). También al chico de pilates locuaz y simpático o a las señoras que se pasaban las horas parloteando. Pero sobre todo, aunque hacía tiempo que no la veía, echaré de menos a Candela Peña, con sus mallas rosa chicle y sus gafas a lo Pantoja para no ser reconocida. Confieso que jamás le dirigí la palabra: tampoco tendría mucho que decirle si lo hubiera hecho. Me sorprendía además ese aire de familiaridad con el que se paseaba por el gimnasio. Saludaba a todo el mundo y todo el mundo la saludaba conscientes de que la efusión en el saludo era inversamente proporcional al grado de conocimiento y amistad que se profesaban. Al fin y al cabo, a todo el mundo le debe gustar decir que tiene a una famosa por amiga. Creo que estoy siendo injusto. No la conozco, no he intercambiado un mero saludo con Candela pero me permito ironizar sobre ella. Es que me hacían gracia su mallas ajustadas y sus gafas enormes, como si no quisiera ser reconocida. Además, no se duchaba allí (esto lo sé porque la veía salir con la misma ropa con la que entraba, no penséis lo que no es) y eso me parecía una guarrada insoportable. Siendo más magnánimo, tiendo a pensar que tal vez no usaba el vestuario para evitar fotos o grabaciones furtivas que pudieran acabar en programas de televisión. Pero bien mirado, ¿quién querría imágenes de Candela en el vestuario si puede tener a Belén Esteban ladrando todos los días en su programa?
Tal vez no sea justo que frivolice. Yo he perdido una anualidad, pagada en octubre del pasado año, que seguramente me sea muy difícil recuperar. Muchas personas, los empleados, han perdido bastante más. Quiero pensar que si la empresa no pagaba el alquiler que finalmente le ha llevado al desahucio o que si los empleados no cobraban, era porque el negocio había fracasado y no porque el dueño fuera un desalmado que salía corriendo con el dinero de las recaudaciones. Un puede pensar que era sólo un gimnasio, un lugar donde la gente va a intentar mejorar su aspecto físico y su salud, totalmente prescindible en momentos de estrecheces. Y precisamente porque en esos momentos es cuando uno suele prescindir de lo que no es absolutamente necesario, fracasan los negocios de lo innecesario, de lo que no es esencial. ¿Será que mi régimen, dieta y ejercicio son también innecesarios. o es que he encontrado una excusa para dejarlos?

6 comentarios:
Chico, que pena. Ya sabes que era mi gimnasio antes de irme de Madrid, y la verdad es que estaba muy bien. Recuerdo haber escuchado al monitor de yoga (un freak absoluto, por cierto) quejarse de que no les pagaban, de que todo se iba a ir al traste, que los duenhos se fumaban todo lo que ganaban con el gimnasio. Justo antes de irme echaron a mi monitora de step y aerobic, Carmen (que era muy buena aunque algo borde), porque les tocaba hacerle contrato fijo, y contrataron a otra gente, temporal. Evidentemente es cuestion de mala gestion, porque el gimnasio estaba lleno de gente y en el centro de madrid no hay tanto donde elegir, sobre todo con Spa gratuito como este. Y celebrities, que ahi le vi la pinga a Jordi Molla y el culo a Candela (yo si que hablaba con ella, en la clase de funk latino).
La verdad que es una pena...pero no hay excusa, tendrás que incorporar un lugar nuevo a tu rutina mañanera, que por cierto, me gusta cómo la cuentas...los placeres de la cotidianidad...En cuanto al "outfit" que describes de Candela...me lo imagino, pero me habría encantado verlo...Squirrel, la pinga de Jordi Mollá?? Una amiga mia que tiene un restaurante en la latina me contó que hace poco entró a pedirle un huevo. Ella se quedó un poco flipada, pero como parece que es cliente habitual fué a la cocina, salió con el huevo ( fresco), se lo dió y él se fué tan contento( Ya estoy frivolizando yo también)
Lullu, Jordi Molla era vecino mio en Madrid. Tan vecino que vivia en el piso justo encima del mio (piso que compartio mucho tiempo con Candela Penha, que fue su pareja). Y todos ibamos al mismo gimnasio, aunque Manuel y yo jamas coincidimos porque el empezo a ir cuando yo ya me habia marchado de Madrid (creo). Molla es muy guapo, pero esta hecho polvo, tiene una pinta de colgado que no puede con ella. Es una pena la gente que no sabe aproechar su buena materia prima...
Manuel, a pesar de que te hayan cerrado el gimnasio seguiras haciendo ejercicio, verdad? No lo dejes ahora, con lo impresionante que es tu adelgazamiento.
Me ha encantado la anécdota del huevo. Yo a Jordi Mollá lo he visto alguna vez por esta zona de Madrid (Barrio de las Letras) y, tienes razón, ardilla, que además lo habrás visto más veces que yo: tiene una pinta colgao.....
Ya he encontrado un nuevo gimnasio. Está entre Sol y Ópera y se llama Aryan. No es tan "posh" como el anterior, pero la sala es más grande y también tiene piscina.
Y me alegro de que te haya gustado el post, Lullu.
mira manuel, muchas cosas q comentarte, mayas rosas, jamás cielo entre otras cosas xk no tengo, m desnudo en casi todas mis pelis, asi q ningún problema para ducharme con gente, pero vivo al lado y me resulta más comodo mi bello y enorme baño donde se encuentran todos mis productos, pero casi es más facil insinuar q soy una guarra,y es más gracioso para tu blog, en cuanto a las gafas grandes, son las q me gustan, no pretendo ocultarme de nada ni de nadie, entre otras cosas xk no tengo nada q esconder, y menos en un gimnasio donde mis lorzas están al aire. al q ve culos y pollas decirle q lo puedo dudar ya q asegura algo incierto, jamás he sido pareja de jordi, ni he compartido piso con el. asi q si me veis dar la cara y os cuento de viva voz cobardes, q sois el salvame de los blogs.
y si, es mucho más interesante belen q yo y vuestras mentiras.
con todao el buen rollo
la q no se ducha y saluda a los del gim cn todo el arte q puedo.
q preferis? q alguien diga la conozco, o
q hableis d ella sin saber?
Será la verdadera Candela la que ha dejado un comentario? Si es así, eres famoso, Manuel. Vende la información al Vale! (no creo que Hola te la compre...)
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