Creo que dentro de dos días me voy de viaje, no a una isla húmeda y helada como la Groenlandia de la canción, sino a una tierra cálida y seca en África. He usado el verbo creer porque aún no tengo la confirmación de que tal viaje vaya a producirse. Tampoco me han enviado el billete, ni las instrucciones que tendría que seguir, aunque conociendo a los organizadores me puedo esperar una llamada de urgencia y una voz estresada que me haga salir de la placidez de estos últimos días y me obligue a iniciar rápido los preparativos. Tengo un amigo (un autentico profesional del viaje por lo mucho que viaja: no, no es azafata) que me comentó un día que lo bueno que tiene viajar mucho es que aprendes a viajar con poco. Intuyo que a este amigo no le pasa lo que a mí, que creo que los viajes no empiezan el día en que lo inicias, sino el día anterior, y que no acaban el día que regresas, sino al día siguiente.
Yo llevo viajando solo desde que tenía once años recién cumplidos, cuando mi padre me montó en el autobús de Sinforoso y desde Rute, provincia de Córdoba, donde veraneábamos, me mandó a Madrid a que pasara una temporadita en Guadarrama con mis tíos. No recuerdo si ese día viajaba con poco, pero de lo que sí me acuerdo es que el viaje, para mí, empezó mucho antes que esa noche de julio en que por vez primera viajé solo. Creo que ya la noche anterior no había dormido de la excitación y, lo reconozco, del miedo que me daba meterme en tal aventura. Y esa mezcla de excitación y miedo continuó a lo largo de todo ese día porque yo, pese a que aún no me había subido en ese autobús, ya estaba de viaje. Más de treinta años me sigue pasando lo mismo: evidentemente, el miedo ha desaparecido, pero no la excitación. Mañana, aunque tal vez no viaje pasado, ya estaré viajando.
Ilustro esta entrada con Groenlandia, una canción que habla de viajar por todo el mundo y parte del universo para encontrar a la persona amada. Es una versión especial donde aparecen Pedro Almodóvar, Fabio de Miguel (qué gran talento) y Carlos Berlanga, acompañando a Bernardo Bonezzi en la despedida de La Edad de Oro. Impagable la salida de tono de Almodóvar que además, como no se debía saber la letra, llevaba una chuleta. Impagable también la torerita de Berlanga al más puro estilo ABC.
El vídeo es post-movida total, todos muy pasados de coca, da la impresión, pero muy divertido. Tengo uno de ese tipo preparado para un post próximo.
A mí me da mucha pena que ya no me emocione viajar. Antes de salir ya estoy pensando en volver. Y eso me demuestra que no soy un viajero auténtico, como tú pareces ser.
Mi primer viaje solo fue en avión, a Málaga desde Madrid. Tendría unos 9 años y me acompañó una azafata, me dieron zumo de naranja y entré en la cabina, donde había mucho humo de tabaco. De qué cosas se acuerda uno.
Te equivocas. Yo era un viajero. Ahora me conformo con llegar a los sitios, hacer el trabajo que tengo que hacer y marcharme. Pero aún conservo esa excitación anterior al viaje y espero que no me desaparezca.
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2 comentarios:
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A mí me da mucha pena que ya no me emocione viajar. Antes de salir ya estoy pensando en volver. Y eso me demuestra que no soy un viajero auténtico, como tú pareces ser.
Mi primer viaje solo fue en avión, a Málaga desde Madrid. Tendría unos 9 años y me acompañó una azafata, me dieron zumo de naranja y entré en la cabina, donde había mucho humo de tabaco. De qué cosas se acuerda uno.
Te equivocas. Yo era un viajero. Ahora me conformo con llegar a los sitios, hacer el trabajo que tengo que hacer y marcharme. Pero aún conservo esa excitación anterior al viaje y espero que no me desaparezca.
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