Ayer tocaba compra semanal en el supermercado. Al contrario que algunos compañeros blogueros que van al Corte Inglés para luego comentar lo lentos que son en el Club del Gourmet, yo, que soy de provincias (por no decir de las colonias), suelo ir al Mercadona que, aunque no me llevan la compra a casa, tiene parking, precios razonables y me surte de mis yogures favoritos: los de la marca Hacendando de litro con fresas y frutas del bosque. Además, tiene otro impagable aliciente: sus cajeras. No me estoy refiriendo a las que vienen de Ecuador o de cualquier otro país de América Latina, que tienen toda mi simpatía pese a que ellas sí que son lentas y no las del Club del Gourmet, sino a las aborígenes del erial castellano donde se ubica esta villa reconvertida en capital que se llama Madrid.
Será porque me crie en una ciudad donde lo popular ha predominado siempre sobre lo culto y lo vulgar sobre lo sofisticado, pero he de confesar que siempre me han atraído esas mujeres que se ríen a mandíbula abierta, intercalando risotadas atronadoras con grititos y algun que otro aflojamiento de vejiga, mientras ponen los brazos en jarras y señalan soez a su interlocutora echando para atrás su cuerpo de botijo. Sin embargo, hasta para ser ordinario (u ordinaria) hay que tener gracia. Decía que ayer en el Mercadona, mientras empujaba mi carrito (sin Quench ni Mielitos) por entre los lineales, Maripili, que así se podría llamar la cajera aunque no llevase falda de goma, atronó a la concurrencia desde la caja, situada al fondo del supermercado con una imprecación a una compañera suya que se tuvo que oir hasta en Parla (de donde seguramente sea Maripili), pidiendo un cartón de huevos para una clienta que lo estaba esperando para poder marcharse.
Evito reproducir la imprecación porque, aunque haya dejado constancia de mi gusto por cierta ordinariez, lo de Maripili supera mi umbral del mal gusto. No es que la chica sazonara su grito con tacos o risotadas soeces, no. Es que Maripili era ella misma la ordinariez personificada. Y todo esto me hizo pensar que hasta la ordinariez tiene clases y que aguanto feliz la ordinariez de clase A y clase C, (con A de Andalucía y C de Ceuta), pero no las de la meseta porque aquí la confunden con la zafiedad. Esas mujeres en la playa que gritan a los niños que se están bañando 20 metros más allá, con ese tono agudo de voz que te rompe el tímpano; esas mujeres que van a la plaza (aquí en Madrid lo llaman mercado) a comprar esas pijotitas que saltan de frescas que están y que, aunque esté feo señalar, para referirse al tamaño (no penséis mal, que también) de las pijotas se colocan el dedo índice en el antebrazo del brazo contrario; esas mujeres que pegan el chocho al sky del sofá para ver la telenovela o los documentales de la 2 (que las habrá) son la quintaesencia de la ordinariez. Maripili siempre será zafia y sin gracia a su lado.
Para ilustrar este elogio de cierta ordinariez, nada mejor que la más ordinaria de todas, la que asegura que en vez de cantar con el alma o el corazón (como dicen todas que hacen), canta con el coño. ¿Hay algo más ordinario y sincero que eso?
Total eclipse (2): Klaus Nomi
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Gracias, David, por dejarme el comentario hace unas semanas de que la
canción Total Eclipse de Rosenstolz con Marc Almond es una versión de una
de Klaus...
Hace 1 semana

4 comentarios:
No sé a qué compañeros blogueros finolis te refieres... María Jiménez es muy grande, o al menos lo era en la época del "Háblame en la cama/Dime pequñeces/Dime que tú te creces/ Cuando estás conmigo". Luego ha dado muchos tumbos, pero ¿quién no?
Me refería a los cienes y cienes de colegas blogueros sibaritas que a diario leen mi blog :). No te preocupes: los dependientes del Club del Gourment son especialmente lentos cuando te cortan cuarto y mitad de jamón ibérico de Joselito, que es cuando tienen que serlo. Y sí, María Jiménez es una de las grandes con esa voz, esas letras y ese pelo rubio putón que nunca ha abandonado.
si tu escucharas lo que oigo por los pasillos del instituto verías que la ordinariez nunca se extinguirá, ahora lleva piercing encima o debajo del labio de color negro
viva Mary Jiménez
¿Labio mayor o menor?, Coxis
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