Uno siempre ama y odia las ciudades en las que vive a partes iguales. No pretendo ser un cronista urbano ni quejarme de que Madrid es hoy una ciudad en estado de sitio, llena de trincheras, zanjas, desvíos, polvo, ruido de taladradoras y radiales, y albañiles de antebrazos enormes y bronceados. Tampoco me creo eso que de Madrid se va al cielo, entre otras porque dudo de que existan mejores cielos que los de esta ciudad. Así que como no tengo otra cosa mejor de la que escribir, intentaré describir lo que odio y amo de Madrid, tomando como ejemplo un paseo por su centro más transitado (desde el barrio de las Letras donde vivo, hasta Chueca) y un par de exposiciones en uno de los centros culturales más interesantes, si no el que más, últimamente: el Caixa Forum.
Odio
Estamos en crisis y los manuales de economía dicen que en estas épocas hay que gastar en obra pública para crear empleo y alimentar el consumo. Si embargo esas obras (y otras) nos cambian para siempre los paisajes urbanos por losas de granito y árboles esqueléticos, como las losas y los árboles que han puesto en la Red de San Luis, junto a la Gran Vía, ejemplo de ese gusto tan castizo por el “to alicatao” y el “to enlosetao”. Permanecen sin embargo, las prostitutas, los chulos, y los compradores-vendedores de oro. Estas obras, además, contradicen su misión inicial. Cierran al tráfico calles para quitar los coches que tanto, parece, molestan y colocan nuevos obstáculos: bancos, farolas, bolardos, árboles, maceteros, mesas y sillas. Dejan sin embargo, los grafitis porque, al fin y al cabo, es arte o porque, como sucede con la prostitución, son batallas que en principio parecen perdidas. Por eso no extraña ver en la calle Montera, a las doce del mediodía, a prostitutas apoyadas en los innumerables obstáculos urbanos mientras una pareja de la policía hace su ronda. La prostitución, decía en una entrada anterior, tiene muchas aristas y muchas perspectivas: una de ellas es la imagen que ofrece del centro de Madrid, como la de los vendedores-compradores de oro, un negocio seguramente próspero a la vista de los muchos que hay, apostados también con sus carteles en los árboles o en las bocas del metro. El centro más visitado de Madrid, que consistiría en un cuadrado más o menos limitado al sur por la calle Atocha, al norte por la Gran Vía, con el paseo del Prado al este y la calle Bailén al oeste, no es excesivamente bello ni monumental, pero sí está excesivamente afeado y los innumerables arreglos que lleva encima en los últimos años no logran eliminar ese aire de cierta mediocridad, de ciudad deprimida, avejentada y macilenta: anuncios mugrientos que cuelgan de los edificios, fachadas pintarrajeadas, aceras y losas llenas de churretes, restos de chicle y meadas de perro: es lo que tiene el granito, que es muy poco sufrido. En la perfumería Kiehl’s, por ejemplo, en la calle Fuencarral, han debido rendirse: una sencilla fachada pintada en negro con el nombre de la marca encima de la puerta está completamente invadida por garabatos y firmas ininteligibles de supuestos artistas, auténticos gamberros. Unos pocos metros a la derecha, en la calle Hernán Cortés, también losada, ha colocado unas farolas tan grandes como gigantes, desproporcionadas con la estrechez de la calle, menos mal que no son de época. Al doblar a la izquierda para tomar la calle Hortaleza, muy cerca de la librería Berkana, se topa uno con un solar estrecho y largo convertido gracias a una valla que lo separa de la calle, en un auténtico vertedero y cuyas esquinas se convertirán al caer la noche en improvisados y efímeros hogares para mendigos.
Amo
No pretendo una ciudad ideal o idealizada al estilo Walt Disney, Wisteria Lane o el Show de Truman. Precisamente, en la magnífica exposición sobre su obra en el Caixa Forum, el arquitecto británico Richard Rogers (el de mi amada T4 y el centro Pompidou, entre otros) señala que las ciudades deben ser heterogéneas y no compartimentos estancos que separen clases sociales, actividades y usos. Y heterogeneidad no le falta al centro de Madrid: ricos, pobres, delincuentes, pedigüeños, tiendas cutres y tiendas estupendas, lugareños, forasteros, gays y héteros, edificios monumentales y edificios deprimentes, prostitutas, chaperos y sus clientes, oficinistas, mercados de lujo, mercados populares, supermercados, bares de papeles y cáscaras de gambas por el suelo, restaurantes vanguardistas, saunas, barras americanas. Y sobre todo, gente, mucha gente a casi todas horas. El centro de Madrid, definitivamente, sigue sin ser un escaparate para turistas, pese a los esfuerzos de su alcalde.
Muy cercano a ese centro tan transitado se encuentra uno de los focos culturales más interesantes de la ciudad. Interesa por su contenido, pero también por su continente. La mayoría de sus visitantes suelen acceder por la entrada del Paseo del Prado, la más usada, pero donde creo que se observa peor la originalidad de un edificio literalmente levantado de sus cimientos. Nada que ver con el cuadrado de papel charol con el que ampliaron el Reina Sofía. El edificio que alberga al Caixa Forum, una antigua central eléctrica, fue elevado para construir debajo una especie de plaza-caverna cuya función en estos días de calor se aprecia mejor si se viene por la calle Alameda, o sea, por detrás. Uno se adentra en ese espacio, contempla ese techo de aristas metálicas y le parece que ha entrado en una cueva forrada con papel de aluminio, y esa sensación le persigue hasta que sube las escaleras metálicas (peligrosas, eso sí, en días de lluvia). Una vez dentro, la escalera que da acceso a las salas de exposiciones sorprende por su sencillez: de un blanco sucio, de esquinas redondeadas y de peldaños fáciles. Y lo mejor, lo que contienen las salas de exposiciones. En estos días, una retrospectiva sobre la obra (la construida y la no construida) de Richard Rogers y su visión del urbanismo y la arquitectura, y una magnifica muestra de la colección de arte islámico del Museo del Aga Khan (pronúnciese Jan y no Kan). Por exposiciones como estas dos, tan opuestas aparentemente, pero que aportan una visión parecida de unas artes y de un vivir a la medida del hombre (justo como el centro de Madrid) uno jamás odiaría esta ciudad, si no fuera porque el alcalde se empeña construir en ella una ciudad que no existe.
Total eclipse (2): Klaus Nomi
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Gracias, David, por dejarme el comentario hace unas semanas de que la
canción Total Eclipse de Rosenstolz con Marc Almond es una versión de una
de Klaus...
Hace 1 semana




8 comentarios:
1.- Lo peor de la remodelación de la Red de San Luis, que es un disparate, es el pobre olivo que han plantado en medio. Es precioso, tiene sus años, y va a durar dos días. Si llega vivo al invierno, se morirá entonces de frío (el olivo generalmente no aguanta el clima de Madrid). Ojalá me equivoque.
2.- No soy gran "fans" de las peatonalizaciones, pero la de la calle Fuencarral me gusta. La calle en sí no me gusta mucho ahora, que es un poco un circo como todo Chueca, pero no ha quedado mal, como Arenal, otro buen ejemplo de peatonalización. Lo de Sol me lo estoy guardando para un post próximo.
3.- Los grafitis son un asco. Los grafiteros una vergüenza. El otro día, hablando con mi hermano mayor, que es un señor archi-tradicional y muy de derechas, se quejaba del salvajismo de la gente, de los destrozos a la propiedad pública, del vandalismo generalizado (se refería a unas pintadas que había visto en un vagón de cercanías). Y le contesté que no estaba de acuerdo (no solemos estarlo en casi nada), que el problema es la enorme tolerancia social que hay hacia el grafiti, que todo el mundo ha adoptado como "arte urbano". Yo noc reo que haya vandalismo generalizado: en el metro no ves vagones arrancados, como se ve en París, ahora no se suelen ver papeleras ardiendo (como era el caso hace años, incluso en el barrio de Salamanca y similares. Pero grafitis hay hasta en la sopa. En el Madrid antiguo, los tenderos han encargado grafitis para sus tiendas, para que los otros "artistas urbanos" les respeten las fachadas. No se las respetan y por otra parte ¿qué es peor, el remedio o la enfermedad? La culpa la tenemos todos, que no alzamos las voces contra el grafiti. El propio Ayuntamiento organiza concursos de grafiti, etc. Una desgracia.
4.- Caixafórum está fenomenal. Lo mejor de los últimos años en Madrid. Las dos exposiciones son muy buenas (sobre todo la del museo Aga Khan, para fans del arte islámico como yo son una bendición, la de Rogers también). No mencionas el jardín vertical, que urbanísticamente es genial, como la plaza subterránea que se ha abierto bajo el edificio, que parece levitar. Un lujazo. Eso sí, la foto que has colgado de la escalera (preciosa) es de antes de que la deformasen con un pasamanos impuesto por ordenanza municipal. Hemos pasado de una escultura (de un hormigón precioso, aquí no se ven cosas de hormigón tan bien hechas de costumbre) a... otra cosa más convencional. Una pena. Sobre el Sofía (con cuyoe dificio nuevo, que sigue sin gustarme demasiado, me he reconciliado) tengo a medias una entrada. Aunque es más sobre contenido que sobre continente.
Madrid nunca me ha parecido una ciudad vivible siempre que he ido de visita. Las visitras ha sido en su mayoría muy fugaces.
La última vez que he estado me ha cambiado bastante la opinión que tenía forjada desde hacía tantos años. A Madrid para mi gusto le falta verde y se sobra piedra lisa y muerta. Supongo que tengo que aprender a conocerla.
Un besote
Breckinridge:
Los olivos, creo, sí aguantan el clima de Madrid. En el sur de la provincia hay olivares y el clima no cambia tanto en tan pocos kilómetros. Lo que no sé es si aguantará solitario entre tanto granito.
Las peatonalizaciones están muy bien, siempre y cuando no les de por colocar obstáculos. Además, a ¿qué viene tanto árbol frondoso en una calle estrecha como Fuencarrral? Para mi gusto agobian y quitan perspectiva. Aunque, estando en la zona que están y como dijo un amigo mío en relación a los parques y jardines: "Donde hay un árbol, hay un maricón".
Totalmente de acuerdo contigo con respecto a los grafitis. ¿Eso es arte urbano? Qué es entonces la obra de cualquier artista que viva y trabaje en una ciudad? El grafiti es vandalismo y nada más.
No he hablado del jardín vertical, que me encanta, porque quería contar la sensación que produce el Caixaforum cuando se llega por la calle de atrás, que es la que yo uso cuando voy desde mi casa. El jardín vertical es uno de los grandes aciertos de todo el conjunto. ¡Qué fijón eres! :). Yo no me había dado cuenta del pasamanos de la escalera... Ni en la foto, ni en la realidad....
Aloofness:
No creo que Madrid esté falta de parques y jardines. Quiero decir, que nunca vienen mal más. Lo que a esta ciudad le falta son puntos de referencia: una montaña, un río, un mar. Y eso solo lo tienen los que vivan cerca de la ciudad universitaria, que pueden ver, desde los pisos altos, la sierra. O como bien decía Breckin en una entrada reciente, la zona de las Vistillas y el Palacio Real, con la Casa de Campo al fondo. Aquí no ves más que ciudad cuando sales a la calle....
Besos a ambos
M
Antes iba mucho a Madrid y he estado como 7 años sin volver (y volví para dos días que no dieron para mucho), así que no digo nada de las transformaciones y desarreglos, que no me percaté mucho. A ver si en Octubre lo veo "masmejor". Y repito por enésima vez que es una ciudad que me gusta a rabiar.
El grafiti me parece la peor plaga urbana. Y las fotos son una hermosura, sobre todo la de la escalera.
Besos.
Pues a ver si vienes.
Las fotos, exceptuando la de la calle Fuencarral, las he encontrado en otro blog, mientras googleaba un poquito...
Besos
M
Nos alegramos de que te gustara la exposicion de Rogers, para nosotros de las mejores que hemos visto ultimamente. Lo mismo del Caixaforum, de lo mejor que le ha pasado a esta ciudad en estos años.
En cuanto a lo de los grafitis, totalmente de acuerdo, recientemente, tras la peatonalizacion, limpiaron las fachadas de fuencarral, pero solo lo vimos los que pasamos mientras las limpiaban, a los pocos dias estaban igual o peor.Y una cosa es el grafiti, un arte mas que discutible, y otra ir enmarranando con firmas y rayajos de rotulador las paredes, puertas y fachadas sin respetar el trabajo y la propiedad del projimo.
Revisión, gracias por pasaros por este blog. Os añado a mi lista de favoritos.....
Manuel
Gracias a ti por seguirnos y por tus comentarios.
Nosotros tambien te seguimos, aunque casi isempre entramos a traves del blog de Breck.
Un saludo
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