A una actriz medio desconocida el amor le intenta arrebatar la vida en forma de flecha. No fue Cupido quien se la disparó sino un psicópata que la venía persiguiendo desde meses, desde que la vio un día en televisión y decidió que esa chica, que esa mirada alegre y brillante que sin duda le debió enamorar debía ser sólo para él. Hay miradas que miran en una sola dirección y que por más que miren no encuentran la respuesta de otra mirada, y esa falta de respuesta, en personalidades enfermas, a veces desemboca en actos como el del psicópata de la ballesta. Lo normal es que uno entienda ese lenguaje no verbal de la mirada y comprenda así que es mejor retirarse y seguir mirando a la espera de que tu mirar se cruce con otro mirar.
Hay miradas, en cambio, que se cruzan en la penumbra y saben desde ese preciso instante que se pertenecen mutuamente, que el destino los ha colocado ahí, en ese momento y lugar, para tenerse desde entonces para siempre. Esas miradas hablan el mismo idioma no escrito: se entienden, se comprenden y se dicen cosas imposibles de decir con palabras, porque las palabras hablarían con la lógica de los hechos y de la realidad. Estos cruces suceden muy pocas veces en la vida y, no se sabe muy bien por qué, cuando a uno le suceden, sabe, sin que haya nada o nadie que se lo diga, que le están sucediendo. Eso es lo que los cursis llaman flechazo. Yo diría, sin embargo, que flechazo es lo que estuvo a punto de acabar con la vida de esa actriz medio desconocida. Lo otro es, lisa y llanamente, deseo, cariño, amor: le podremos poner muchos nombres, pero básicamente estaríamos hablando de lo mismo. Esas flechas, esas miradas son el inicio de un camino y a veces ese camino es un camino vital: dos personas que así se han encontrado deciden seguir caminando juntos hasta que se acabe, y ese hasta que se acabe es, en muchas ocasiones, toda una vida, con sus altos y sus bajos, alegrías y sinsabores, el pan y la cebolla. Sin embargo, las flechas, las miradas siguen cruzándose en nuestras vidas y, de repente, a uno se le abren otras opciones, otros caminos que hablan esos idiomas no escritos en donde no tienen cabida ni la palabra ni la razón. Es entonces cuando llega el momento de elegir: si seguir el camino que se estaba recorriendo o recorrer una nueva senda tal vez llena de momentos ya vividos y cuyo único atractivo reside en la fuerza de esa mirada que ha provocado la elección y en el misterio de un camino por recorrer.
Amar entonces, en ese momento, significa elegir…
A Fernando, que ama, elige y le gusta Karina

1 comentario:
El que quizá sea el mejor poeta en lengua inglesa del siglo XX, W.B. Yeats, decía que en esta vida todo es "chance" o "choice". Uno no elige donde nace, o si nace hombre o mujer, blanco o negro. Uno elige su propia vida, qué trabajo hará, si es feliz o no. A veces uno elige a quien conoce, otras veces la suerte nos hace conocer a alguien, y uno elige querer a quien quizá ha conocido por suerte o no querer a quien ha elegido conocer.
Tu post es precioso.
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