6 de junio de 2009

¡Tú sí que eres ridículo!

 


Yo, que nunca voto a la derecha, pero que confieso que a veces me he dejado seducir por sus cantos al individualismo y a la bajada impuestos (por mucho que me dijeran de niño que tenía que compartir con los otros niños, los seres humanos somos fundamentalmente egoístas), he encontrado esta mañana leyendo la prensa una razón más, tal vez la razón fundamental, para ignorarla de por vida. Y eso que vengo de una familia profunda y sociológicamente de derechas, pero creo que ya lo he dicho alguna vez: siempre he sido un poco rarito. Bueno, primera frase y primera mentira. Sí, alguna vez la he votado y además no al PP, sino a su rancio antecesor, Alianza Popular, pero fue por razones familiares que no vienen al caso, y espero que esta confesión pública me exima de la penitencia que sin duda merecería.

Hace pocos días una pareja de un pueblo de la sierra de Cádiz bautizó civilmente a su hijo. Entiendo que haya personas de mentalidad cuartelera para quienes la conjunción de conceptos aparentemente contradictorios no puede traer si no una contradicción mayor: Para ellos, el bautismo es uno de los sacramento de la Santa Madre Iglesia por el cual la persona, generalmente un niño de cortísima edad, se inicia y se une a la comunidad que lo bautiza, esto es, la comunidad cristiana. A mí, de mi bautismo sólo me quedan mi querida madrina y una delicada figura de porcelana que mi madre le regaló en agradecimiento por hacerse cargo de todos los aspectos sociales de tal ceremonia, porque el resto, aunque la Santa Madre Iglesia aún no lo sepa, o lo olvidé o lo he ido dejando de lado: es decir, que me he ido haciendo más civil y menos religioso a medida que pasan los años (como siga así, cuando me muera creo que seré anarquista de los Bakunin).

Hace aún menos días, una famosa actriz realizó una ceremonia civil similar para su hijo en el Ayuntamiento de Madrid, oficiada por un concejal más conocido por su lucha por conseguir todos los derechos para todos y todas que por sus habilidades políticas. La verdad es que cuesta trabajo entender que el laicismo emule lo religioso, aunque en el caso del matrimonio, que no deja de ser un contrato entre dos partes, ha sido más bien al contrario: lo religioso se ha entrometido en lo laico. Bueno, sí lo entiendo, creo: somos animales simbólicos y necesitamos de los símbolos y las ceremonias para poder representar y entender el mundo. Así, las religiones ofrecen ambas cosas: en el caso del bautismo, el símbolo es el agua que cae sobre la cabeza del bautizado y la ceremonia es todo lo que le rodea: la iglesia, el frufrú de la casulla del cura, los ritos y actos sociales que le siguen. Y estos símbolos y ceremonias son siempre necesarios, sean o no religiosas las personas que recurren a ellos, lo que explica la existencia de ceremonias civiles de iniciación en la ciudadanía que vayan más allá de la mera y fría inscripción en el registro civil.

Lo que no entiendo (o me temo que sí, que lo entiendo) es que una de esas personas de mentalidad cuartelera sea el líder de uno de los partidos políticos más importantes de este país, sea por numero de votos, sea porque es uno de los dos con posibilidades reales de gobernar (y de hecho ya ha gobernado). Hace unas horas, Mariano Rajoy calificó estas ceremonias civiles de iniciación ciudadana, tal vez mal llamadas bautismos civiles, de “ridículo interplanetario” entre los jaleos de su respetable concurrencia. No seré yo quien caiga en contestarle en esos mismos términos tan chuscos y tan irrespetuosos con las opciones personales y privadas de muchas, y espero que cada vez más, personas en este país. Para mí, está clarísimo que una persona que ofende de esa manera a unos ciudadanos que han tomado libremente esa opción no merece ocupar el puesto que ocupa en la política nacional. Y me temo que sí, que lo entiendo: no hay nada más reaccionario que ridiculizar, despreciar y prohibir lo que no gusta y no se comparte: la derecha lo ha hecho siempre. No hay, tampoco, nada más hipócrita que pronunciarse contra el divorcio, contra el aborto o contra el matrimonio homosexual para luego llevar vidas personales que no serían posible sin la existencia de estos tres derechos. Así que en cierto modo estoy tranquilo: dentro de poco, personas como Rajoy llevarán a sus hijos a los ayuntamientos a que los bauticen. Lo malo (o lo bueno, porque así es fácil reconocerles) es que nunca dejarán de ser reaccionarios e hipócritas.

1 comentario:

Squirrel dijo...

Cuánta razón en tus palabras. Hay que ilegalizar la religión, ¡ya! Cómo echo de menos la Albania maoista... ;-)