¿Puede dañarse una relación de 33 años por un simple beso? ¿Es posible que las personas involucionen y no evolucionen? ¿Debemos aceptar que el hecho religioso condicione la vida de las personas que tenemos alrededor de modo que se nos vuelvan prácticamente desconocidas? Llevo haciéndome estas preguntas desde esta mañana, cuando apareció Zohra en casa, mujer española de origen marroquí a la que conozco desde que yo tenía diez años y ella no llegaba casi a la mayoría de edad, allá por 1976. Zohra llegó a Ceuta a vivir con sus abuelos, él carnicero y antiguo soldado moro en la guerra civil, seguramente con la idea de que viviría mejor como apátrida en Ceuta, en casa de sus abuelos, también apátridas en su propia tierra, que con sus padres en las resecas llanuras al norte de Marrakech. Pronto empezó a trabajar en mi casa. La Zohra que yo recuerdo en esa época hablaba español con dificultad pero era una chica despierta, simpática, trabajadora y cariñosa, y eso le hizo ganarse la confianza de mi madre. Sus indudables virtudes hicieron que se fuera ganando también el respeto y el estómago de todos nosotros. Zohra se descubrió, pese a su juventud, como una excelente cocinera, capaz además de llevar las riendas de una casa que en aquellos años, por una serie de vicisitudes, pasaba por una época oscura y triste.
Pasó el tiempo y Zohra se fue convirtiendo en imprescindible. Es difícil a veces explicar qué tipo de relación se mantiene con personas que no son de tu familia, ni de tu círculo de amigos, pero que son tan importantes como éstos. Zohra no es parte de la familia. Tampoco es una persona amiga. Sin embargo, se las quiere, aprecia y respeta como si fuera un familiar o un amigo. Y estoy seguro de que el sentimiento es mutuo. Zohra era, además, una mujer religiosa, lo que en una casa como la mía en la que el hecho religioso católico era, como en tantas otras, lo cotidiano, se veía como algo positivo. Llegaban las horas del rezo y Zohra extendía una esterilla en cualquier habitación y colocándose en dirección a La Meca, musitaba azoras del Corán mientras mis hermanos y yo, adolescentes y niños inquietos, la espiábamos con curiosidad malsana. Puedo decir que conocí el Islam más básico gracias a Zohra (y el pensamiento de izquierdas gracias a la Bola de Cristal): sus ayunos durante el mes de ramadán, las prohibiciones sobre el consumo de alcohol y carne de cerdo, la imposibilidad de comer cualquier tipo de mamífero o ave que no haya sido sacrificado de acuerdo a sus ritos y que al final, por pura razón práctica, acabábamos comiendo en casa. Con el tiempo, ya entrados los ochenta, Zohra fue legalizando su situación, pero para ello, dado que llegó a Ceuta sin documento de identidad ni pasaporte, debía obtener ambos en su país de origen: Marruecos, lo que implicaba frecuentes viajes a Tetuán, largas esperas en Gobierno Civil y la Gendarmería de esa ciudad y –estoy seguro de ello- algún incentivo que mi padre daba al gendarme de turno cuando le estrechaba la mano. Al mismo tiempo, su español fue mejorando ostensiblemente y en una especie de ósmosis lingüístico atrapó e hizo suyas nuestras expresiones, dejes, acentos y defectos al hablar. Fue también en esa época que Zohra empezó a acudir al colegio que estaba enfrente de casa, y en horario nocturno, aprendió a leer y a escribir, a sumar, restar, multiplicar, dividir, las primeras nociones de física, química, ciencias naturales y sociales, historia, literatura y lengua española. Con los años y su esfuerzo obtuvo el título de graduado escolar.
A mediados de los noventa, con su situación ya legalizada, Zohra podía moverse con cierta libertad por la península y, gracias a que tenía pasaporte, cruzaba la frontera entre Ceuta y Marruecos sin problemas. Un accidente doméstico durante unas vacaciones en su casa familiar cerca de Marrakech la obligó a regresar rápidamente a Ceuta a curarse. Aprovechando una sesiones de rehabilitación en Cádiz, llamó un día y dijo que no volvía, que quería irse a Madrid a empezar una nueva vida. Y así fue. Su marcha no disminuyó los contactos aunque sí los espació. Con esa educación y formalismo innato en las sociedades musulmanas, llamaba con ocasión de las festividades religiosas católicas y pasaba por casa de visita cada vez iba a Ceuta. Con los años, una vez instalado yo en Madrid, la relación, lejos de disminuir, aumentó hasta el punto de que con una situación económica desahogada aceptó, casi como un favor personal, venir a mi casa una vez por semana a encargarse de las faenas domésticas. Su visita semanal servía además para comentar las últimas novedades familiares, discutir las noticias de la semana y hablar de casi todo con la franqueza y sinceridad que dan tantos años de vidas compartidas
Más de treinta años después de su llegada a mi vida, Zohra, ya una mujer casada madura y con dos hijos nacidos en Madrid, sigue siendo igual de despierta, simpática, trabajadora y cariñosa que siempre. La crisis económica, sin embargo, ha golpeado duramente a su familia y de trabajar por gusto ha pasado a trabajar por necesidad. Me pregunto además si la crisis, los agobios que ella conlleva o la necesidad de afirmar su identidad musulmana y marroquí en una sociedad afortunadamente laica no le ha cambiado la forma de relacionarse con la religión. Zohra, que ya está cerca de los cincuenta, ha cubierto tradicionalmente sus canas con la henna de toda mujer marroquí, ha vestido chilaba ocasionalmente: muy raramente en Madrid, con más asiduidad en Ceuta, y su apariencia no ha diferido demasiado de la de cualquier ciudadana madrileña que no hace ostentación de su religión. Hasta esta mañana. Zohra, esta mañana, ha entrado en casa con la cabeza cubierta con un velo, con un hijab verde pistacho que sólo dejaba ver el óvalo de la cara y traslucir un gorro negro en el que ocultaba el cabello. Una religión que obliga a sus mujeres a cubrirse la cabeza y no dejar visible el pelo o la cara porque así excitarían a los hombres no es compatible con esas ideas de izquierda que aprendí con la Bola de Cristal. Y a ese hombre de izquierdas que soy yo, lo primero que se le viene a la cabeza cuando se enfrenta a situaciones como las de Zohra y su velo es que, ante todo, las opciones religiosas son absolutamente respetables. Pero no me sale: el velo en la mujer musulmana no es una obligación religiosa, porque, de hecho, Zohra no ha llevado velo nunca, como tantas y tantas mujeres musulmanas. Y, además, aunque fuera una obligación, sería igualmente objetable. Basta con ver las películas egipcias de los años 50, 60 y 70 para ver en ellas mujeres igualmente musulmanas que fumaban y bailaban junto hombres tan iguales y musulmanes que ellas: ver las imágenes de esos años sirve también para comprobar lo que el Islam y las sociedades musulmanas han involucionado en las últimas décadas. Basta también con vivir en un país musulmán para comprobar esa involución, pero también la enorme hospitalidad, generosidad y cariño de sus paisanos. Los mismos que Zohra nos ha prodigado en estos años a mí y a toda mi familia. Sin embargo, esta mañana el velo no sólo le cubría la cabeza: al llegar a casa, por primera vez en 33 años, me ha negado el beso cuando me he acercado a saludarla. Su religión se lo ha impedido. A partir de ahora, los únicos hombres que besará serán su marido, su hijo y su padre. Y sólo se quitará el velo delante de otras mujeres. Yo sigo sin tener respuestas.
(En el vídeo que ilustra esta entrada se pueden ver diversas actuaciones de Um Kulthum, la gran voz e intérprete de la canción árabe. Um Kulthum, egipcia y musulmana, nunca se cubrió la cabeza. Muchas cantantes árabes actuales sí lo hacen)

8 comentarios:
Involución total y en todas las sociedades. Quizás la musulmana resulta más evidente por el uso del velo como cambio en la indumentaria visible y no como pauta de conducta con un alcance familiar o de círculos más próximos.
Aquí en Estambul, como creo haber dicho alguna vez en mi blog, las señoras entre 80-50 años suelen ir vestidas con faldas cortas elegantísimas, escotes de diverso atrevimiento y peinados dignos de cualquier pasarela; sin embargo las más jóvenes, sobre todo procedentes de ciudades del noreste, vienen con cara-oválo y comportamiento ultrareligioso.
Ese cambio del que hablas lo he visto en muchas mujeres de la ciudad, muchas artistas famosas (actrices y cantantes turcas) han cambiado su pelo suelto y moldeado por el pañuelo cerrado. El motivo siempre es el dinero, en toda religión la promesa de una mejoría (económica evidentemente) pesa más que cualquier precepto vocacional.
De un lado los partidos políticos y de otro los imanes y oficiales religiosos financian y ofrecen ventajas fiscales y ayudas a aquellas personas que bien lo necesitan realmente bien ansian más poder y bolsillos más pesados.
Este tipo de cambio me recuerda el repetido por varios miembros de familias conocidas captados por los Testigos de Jehová (de extensión muchísimo menor que las otras dos grandes religiones) y los cambios de conducta casi imperceptibles por fuera pero drásticos por dentro.
A este paso, ¿volverán las cruzadas? Realmente no estoy muy seguro
Un beso
Leñe, se me ha adelantado Aloofness, que además está en pleno meollo...
Me ha encantado el texto, ya sabes lo que opino/-amos de cómo escribes. Contar la lucha por salir adelante y mejorar, abrir puerta tras puerta (las de la sociedad, las de uno mismo y sus posibles complejos de clase o raza...) para acabar parapetado tras una celosía renunciando a lo que tanto ha costado. ¿Voluntad propia o imposición marital/familiar...?
Y lo de la involución por supuesto que no es exclusiva del islamismo. Si no fuera porque vivimos en el "mundo rico" (con todas las comillas y cursivas que procedan) lleno de avances y derechos, las religiones cristianas, y muy especialmente el catolicismo, como es lógico, ya habrían logrado su objetivo de llevarnos de nuevo al oscurantismo. Bueno, en realidad si por ellos fuera nunca habríamos salido de ahí.
Nunca te dije que he ido mucho a Ceuta en mi infancia porque tengo familia allí, y la Zohra de ellos se llamaba Zohdia, si no lo he escrito mal...
El-hob-kollo kisses.
Gracias a ambos por vuestros comentarios. Zohra no se llama en realidad Zohra, pero existe, vaya que existe. Estoy seguro, conociéndola como la conozco, de que nadie la ha obligado a ponerse el hijab y a no saludar con un beso a otros hombres que no sean los de su familia, incluidos aquellos hombres a los que, como a mí, ha saludado de ese modo desde que yo tenía diez años. A mí, personalmente, me duele que lo haya hecho. Emn cualquier caso, Zohra es una mujer valiente, emprendedora y que durante estos años se ha puesto muchas veces el mundo por montera.
Al mismo tiempo, respetando su decisión libremente tomada, pienso que es una involución. De acuerdo que involucionistas existen en todas las religiones, pero, Theodore, todo eso que denominas "mundo rico", aludiendo a la conquista de derechos políticos, económicos y civiles, surgieron (y no creo que sea por casualidad) en sociedades cristianas (protestantes, más que católicas, todo hay que decirlo). Me estoy refiriendo además a una de las grandes conquistas del hombre en los últimos siglos: el laicismo, y la posibilidad de separar el hecho religioso del hecho civil. Por supuesto que existen excepciones (Turquía ha sido, y nos podrá ilustrar Aloofness al respecto) en el mundo musulmán, pero no es la norma.
El Islam es, además, más que una religión. Es un código de vida. Y por eso, el velo, más que una imposición religiosa, es una imposición social. Y las sociedades musulmanes, que me perdonen, están llenas de imposiciones: es prácticamente imposible no ayunar en ramadán, no tanto porque sea una obligación religiosa, sino porque es, sobre todo, una imposición social. En nuestras sociedades uno declara públicamente que no es católico (otra cosa es apostatar en los obispados, que es bastante más complicado) y no le pasa absolutamente nada. No estoy muy seguro que eso pueda ser así en Egipto, Marruecos o, incluso, por escoger un país no árabe, Turquía o Indonesia (que son democracias formales). También es cierto que España, hace más de treinta años, era practicamente imposible no ser católico, pero es que España era una dictadura. Me pregunto si las libertades de pensamiento, incluidas las religiosas, no tienen algo que ver con la ausencia total de democracia en los regímenes árabes musulmanes.
Joder, vaya rollo!!!
Por cierto, se me olvidó comentarlo antes...mola la foto nueva ;-)
Qué cosas me dices, Theodore!!!!
:)
Había escrito un comentario larguísimo y se me ha borrado... ¿No os da rabia cuando pasa eso?
Decía que como sabes detesto la religión en todos sus formatos, pero que allá Zohra. Supongo que te habrá dado una pena horrorosa no poder expresar el cariño que sientes hacia ella como siempre has hecho, todo porque ahora ella considera que su fe es más importante que su proximidad a ti. Una pena, pero ella sabrá.
Cuando viví en Israel vi a gente volverse religiosa de un modo esquizofrénico, he visto personas que consideraba normales apuntarse a iglesias evangélicas y llevo dos semanas en EEUU y no doy crédito a lo que oigo, veo y leo.
Pero, de nuevo, allá cada cual. Eso sí, que a mí no me impongan su creencia (y no darte ese beso en parte es imponértela, o al menos ponerla de por medio) y que no crean que sus valores son los únicos que valen. Porque no es así.
Dos cosas finales. Agradezco infinito el enlace-roedor, pero estoy aún de pruebas y no sé si será el definitivo, por lo quizá prefieras quitarlo y esperar un poco. Segundo, respecto a la foto: ¿No dijiste que te habías afeitado la barba?
Breck, muchas gracias, me pillabas yéndome a la cama, pero te comento rápidamente.
A mí el allá ella que mencionas me puede valer, pero creo que es como un lavarse las manos. Evidentemente no se trata de obligarla a no llevar el velo, pero sí a intentar que la sociedad en la que vivimos sea más laica y en la que haya menos interacción entre lo religioso, lo civil y lo estatal. Resulta muy complicado explicarle las bondades del laicismo a una persona como Zohra cuando nuestros ministros juran o prometen sus cargos delante de un crucifijo, o nuestros alcaldes salen en procesión en Semana Santa. Hay muchos más casos, como lo de cierto ayuntamiento en Cataluña que entendían que el respeto a la religión del otro, al musulmán, consistía en acceder a que hombres y mujeres se bañaran separadamente en las piscinas municipales. Hoy es el velo, mañana será que las nilñas no hagan gimnasia junto a los niños o que las mujeres se bañen vestidas en playas y piscinas. No, no y no. Y poco podemos hacer frente a todo esto si, por ejemplo, mantenemos los crucifijos en las escuelas..... En fin, que no necesito convencer a un convencido como tú.
Con respecto al enlace, pues nada, lo quito. Había pensado que era ya casi definitivo. Aunque ahí, junto a los otros enlaces, no molesta...
Sí, llevo barba en esa foto, que es del año pasado. Ahora, cada dos días me afeito y me dejo la cara tan lisa, tesa y suave como el culito de un bebé... :) Los hombres también estamos guapos sin barba.
Off-topic: Tienes la boca llena razón D. Manuel, los hombres tambien estamos guapos sin barba, algunos más que otros. A ti el culito del bebé en la cara te sienta estupendamente, seguro.
Besos
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