
No suelo escribir de política, aunque es un tema que siempre me ha interesado y que vivo con cierta intensidad, asociada tanto a vivencias propias (mi padre, durante un tiempo, se dedico a ella) como a un cierto gusto por nadar, también en esto, a contracorriente del pensamiento imperante en mi entorno familiar. Dicho así, hablar de política, en general, suena totalmente vacío. Pese a que la política está ligada a la realidad más pedestre, al día a día, al esfuerzo por la supervivencia de millones de seres humanos, muchas personas la ven totalmente desligada de sus preocupaciones diarias. Un vistazo a la prensa diaria les da la razón, y esto es así porque los políticos que conocemos hacen cualquier cosa menos política: roban, mienten, prevarican, camuflan la verdad o enchufan a sus amigos, y en sus ratos libres gobiernan o se proponen para gobernar. Me dedico además a una profesión en el que poner una palabra o su antónimo en un pedazo de papel puede tener impactantes consecuencias políticas, tanto en mi propio futuro laboral, como el futuro de a quienes se refiere ese pedazo de papel.
Sin embargo, de vez en cuando, no me puedo reprimir. Ayer fue uno de esos momentos y la espoleta fue un reportaje sobre un vertedero en la ciudad de Portoviejo, en Ecuador, en el que se reflejaban las miserables condiciones de vida de mucha gente que se ganaba la vida rebuscando entre las basuras. Y la espoleta, que saltó porque por motivos profesionales conozco algo la política ecuatoriana, no se transformó sin embargo en conmiseración, pena o necesidad cortoplacista de buscarme una causa perdida por la que luchar. Yo he estado en vertederos parecidos en mi propia ciudad y he visto a gente como la que aparecía en reportaje, armada con palos y pinchos, rebuscar entre las basuras que, junto a setenta mil personas más, yo mismo había generado. No me alivia saber que los rebuscadores de Portoviejo están lejos de mi propia realidad, o los que yo vi en Ceuta no eran gente de allí, sino que cruzaban la frontera a escondidas para poder sobrevivir con los desperdicios de una ciudad que para ellos debía nadar en la abundancia. Sólo necesito darme un paseo por la ciudad en la que ahora vivo, Madrid, y ver esos mismos rebuscadores de Portoviejo y Ceuta internarse en los contenedores de basura, buscando un yogur caducado, una pieza de fruta que se cayó distraídamente en el cubo de una casa vecina, un jersey que alguien pensó inservible, unos cartones que sirvan de improvisada cama en cualquier chaflán. Y no son pocos. Pienso en los enormes vertederos de las afueras de Madrid, los que describía Luis Martín-Santos hace casi cincuenta años, y da la impresión de que no han cambiado tanto las cosas. Supongo que esos vertederos deben estar repletos, porque a mayor nivel, más basura. Paradójicamente, uno de los indicadores para medir el bienestar de una sociedad es la cantidad de basura que produce por persona y año. Y si Madrid es la ciudad más rica del octavo país más rico del mundo, sus vertederos deben ser dispendiosos, enormes yacimientos de inesperada abundancia, imán para tantas personas, cada vez más, a los que la crisis ha dejado está dejando fuera.
Viendo el reportaje sobre el vertedero de Portoviejo me pregunté que estaba haciendo el Gobierno de Ecuador para mejorar las condiciones de vida de esas personas en particular y las de toda su población en general. Tan preocupado en sus alianzas bolivarianas con Venezuela, Bolivia o Nicaragua, la visión de esos rebuscadores, de eterna mala salud por lo insalubre de su trabajo, me hacía recordar toda la propaganda de un gobierno que ufanamente se hace llamar el “Gobierno de la Revolución Ciudadana” y todos los eslóganes repetidos hasta la saciedad en prensa, radio, televisión y vallas publicitarias, que aseguraban que la “Patria ya es de todos” como si antes no lo hubiera sido. Bien, yo creo política es sobre todo ocuparse del bien común, de elevar el nivel de vida de los ciudadanos, de gobernar para todos, incluidos los rebuscadores de Portoviejo y los muchos ciudadanos que en Ecuador no han votado por Rafael Correa, su actual presidente Y eso, me temo, no es lo que están haciendo los gobiernos de esa izquierda populista que, con distintos matices, está gobernando en varios países de América Latina.
No hace falta cruzar el océano para encontrar populismo y demagogia. Un mayor nivel de vida produce personas más formadas, más educadas y, por lo tanto, más libres y críticas. En teoría, porque aquí, en Madrid, en España, nos conformamos con pensar que política es dejar que pase la crisis y esperar a que el producto interior bruto suba por arte del birlibirloque. O asumir que es correcto negar, por motivos electorales, como hizo Zapatero el año pasado antes de las elecciones, que la crisis existe. Yo, en realidad, no sé si es mejor subir los impuestos o bajarlos, corregir el déficit público o permitir que se desboque, dejando así una herencia inasumible para futuros gobiernos, pero mitigando lo más posible los efectos de una crisis inesperada (no nos acordábamos de que las crisis son cíclicas) y cruel. Ni siquiera sé si es bueno o malo abaratar o encarecer el despido, o si hay que utilizar dinero del contribuyente para salvar empresas o bancos en crisis. Puede que me equivoque, que politica sea precisamente eso, tomar una decisión u otra y que unos, los que gobiernan, tomarían unas y otros, lo que no gobiernan, tomarían las mismas o distintas. De lo que estoy seguro, sin embargo, es que ningún político conocido aquí o allá baja a la calle todas las noches, a eso de las nueve, con la bolsa de basura en la mano y se encuentra con que al poco de arrojarla a contenedor, alguien rebusque en ella un yogur caducado, un fruta olvidada, un cartón tan mullido como un verdadero colchón.

5 comentarios:
Pues si, es tremendo lo de los rebuscadores de basura, ya conte en CG&D que un dia que sali muy tarde del trabajo me quede horrorizado al ver a varias personas peleandose por restos de basura a la puerta de un restaurante de la Cava Baja. A eso hemos llegado.
No voy a hablar de los mendigos de aqui, me lo guardo para una entrada porque da para mucho. Solo te digo que hay dias en que me dan ganas de apuntarme a la cola del desayuno que les llevan los de la "charity" de turno, porque sirven unos bollos con una pinta que te mueres.
Y yo tampoco tengo nada claro que es lo mejor o peor que se puede hacer en esta crisis, pero se que es debida en gran medida a lo mucho que nos hemos pasado en los ultimos anhos yq ue pondra a prueba el sistema de proteccion familiar, que siempre ha funcionado en nuestro pais pero que antes o despues se acabara.
El otro dia lei en ABC (por algun motivo es el unico periodico espanol que puedo leer on line en el trabajo) un articulo lamentable sobre un tio de 32 anhos que se habia tenido que volver a vivir con sus padres porque, aunque es ingeniero, ha perdido el trabajo, tiene que pagar una pension a su ex mujer y la hipoteca de la casa !!!DE 350 M2!!! que se habia comprado y no le gustan los puestos que le ofrecen. Papa y mama se lo pagan todo ahora. En cuanto lei lo de la casa empezo a darme asco el tio. Por supuesto el susodicho y el articulo le echaban la culpa de todo a ZP pero en ningun momento se paraban a pensar que a lo mejor este tipo no deberia haberse metido en un gasto tan faraonico.
Y los yogures caducados se pueden comer sin problema, oye, al menos hasta que no se infle el cartoncillo, senal de que se ha puesto malo del todo... Asi que, menos remilgos.
Hace tiempo escribí algo parecido, pero infinitamente peor. Me llamó tanto la atención ver grupos casi organizados rebuscando entre las basuras de supermercados en una tierra "próspera" como era esta (poco antes de "la crisis").
Y lo que está cada vez más claro es que nadie sabe cómo gobernar. Ni aquí, ni en ninguna parte. ¿Hay algún país que no este endeudado hasta el cuello?
Squirrel, con todo lo que hablas de comida en tu(s) blog(s) y comentarios, y las enormes porciones que sirven en los EEUU me da la nariz que te estás volviendo medio chubby :) ¿Dónde se quedó el aerodance?
Theodore, me alegra verte de nuevo por aquí. No sólo los países, sino sobre todo las personas, están endeudados hasta el cuello.
Yo, en el fondo, pienso que esta crisis en cierto modo viene bien para poner freno a cierto excesos, como los inmobiliarios y para que la gente se dé cuenta de que realmente no puede vivir por encima de sus posibilidades. También es cierto que si la gente ha estado viviendo por encima de sus posibilidades es porque los bancos les han dado el dinero para poder hacerlo y no les han contado que los préstamos hay que devolverlos... En fin, que yo tampoco sé nada.
A este paso lo que te va a caducar es el blog, prenda. Que eres un flojo. Ea.
Besos perezosos.
Tienes más razón que un santo, pero se juntó una flojera pasajera con un viaje de trabajo a Honduras, donde me encuentro ahora y donde estaré hasta poco antes de Navidad.
En cuanto tenga un hueco, escribo, I promise.....
Besos tegucigalapeños
Manuel
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