
Prefacio
Llevo casi diez días de sequía. Pensaba escribir algo sobre mis experiencias gimnásticas y titularlas algo así como “En forma con Candela Peña”, porque sí, ella, Candela, con top rosa chicle y gafas Pantoja, va a mi gimnasio. Y también Gael García Bernal, Paco León (el otro día, en la intimidad del vestuario, él y yo solos, a punto estuve de pedirle que me imitara a Raquel Revuelta cuando presentaba la cartelera de cine en Telecinco) y una azafata del Un, Dos, Tres de cuyo nombre no me acuerdo, entre otros. Bueno, Gael ya no, porque está rodando, según me he enterado por la radio, en Bolivia. Luego hay un americano, porque no puede ser otra cosa, que tiene el himno de Riego como sintonía de su móvil, uno que lleva en el brazo un tatuaje de Amy Winehouse (o si no es ella se le parece mucho), señoras del barrio que se tiran tres horas en la contractora para levantar sólo dos kilos y medio, y servidor de ustedes que, por lo menos levanta 25 en tres series de quince. Así que entre tanta celebrity y rojerío republicano, tatuados y ciclados, para una entrada más o menos decente me daba. Pero no, esta mañana, the artist formerly known as Breckinridge me ha dado el tema. Cuando volví del gym (y dale con el gimnasio), hice mi recorrido por los blogs que frecuento y revisé los comentarios a una entrada de la primera ardilla. Y ahí estaba el tema de esta entrada. Así que ahora toca ponerse serio.
La piqueta
Se trataba de salvar edificios. Yo también hubiera salvado la pagoda de Fisac de la piqueta y la excavadora, no porque sea brutalista, sino porque era una construcción onírica, no al estilo de Gaudí, que nunca me ha gustado demasiado (a excepción del interior de la Sagrada Familia), que recordaba, lejanamente, a un farolillo de feria andaluza y, cercanamente, a las lámparas chinas de papel. Sí, el tema de esta entrada es qué edificio salvaría de la destrucción si llegara una catástrofe planetaria, un holocausto nuclear, una subida rápida e imprevista del nivel del mar, un asteroide en dirección inexorable a la Tierra que acabase con todo rastro de civilización. Pero he decidido que no salvaría sólo uno sino varios y por varios motivos. Algunos, como la casería Cuzcuñana, en Rute, Córdoba, por una razón puramente sentimental. Cuzcuñana, construido en 1847, es un cortijo en medio de los olivares del la subbética cordobesa, ligado para siempre a los veranos de la primera mitad de mi vida. También salvaría la casa de mi abuela, también en Rute, con sus patios, sus desvanes, sus baños de techos altísimos, su frío invernal, su chimenea enorme en el salón donde ardía troncos de olivo, su cocina espaciosa donde guisaba María del Carmen, coja, con mal genio y mejor corazón, sentada en su silla de enea, que salía a pelea casi diaria con mi abuela y que se despedía amenazando con no volver para llamar al día siguiente y pedir que fueran a recogerla. Curiosamente, no salvaría la casa en la que nací, en Ceuta, con una terraza soleada orientada al sur y desde la que se veía la pantalla de un cine de verano que mi hermano y yo espiábamos a escondidas, y que nos anunció la llegada del destape gracias a Amparo Muñoz y su película Tocata y fuga de Lolita. Es un edificio de arquitectura racionalista, líneas sobrias y esquinas redondeadas construido durante la Guerra Civil. Podría decir que me gusta, que es una construcción interesante e incluso bella. Sin embargo, no la salvaría, como tampoco las otras casas en las que he vivido en Ceuta. De Ceuta sí rescataría de la catástrofe el edificio de la Autoridad Portuaria, también racionalista que asemeja a un barco varado en el muelle, elegante, simbólico, original y del mismo arquitecto, José Blein, que mi casa.
Edificio de la Autoridad Portuaria de Ceuta
Sin embargo, esta clasificación deslavazada e impuesta por la obligación de publicar una entrada no es únicamente sentimental, o sí. En el fondo todas las listas, clasificaciones, elencos y hasta “guilty pleasures” proceden de lo subjetivo y, por lo tanto, de los sentimientos, porque si fuera racional y razonada, todos salvaríamos los mismos edificios. Aún así, coincido con el artista antes conocido como Breckinridge en salvar el Panteón de Roma, la única construcción que ha sobrevivido a curas, saqueos, incendios e iglesias desde la época clásica y que ha servido de inspiración a tantos edificios en medio mundo. Lo salvaría, sí, pero me cargaría sin el menor miramiento a los invasores de chanclas, pantalón pirata y manga sisa y, sobre todo, el MacDonalds cercano donde comen hamburguesas los turistas, y para el que Panteón, ese edificio sublime (el adjetivo no es mío sino de Pandora) actúa de vergonzante reclamo. También, las muñecas con traje de flamenca en las tiendas de souvenirs son reclamos para los turistas que visitan la Mezquita de Córdoba, eterna, plácida, con sus columnas y arcos interminables: otro edificio que salvaría del cataclismo, aunque pediría una piqueta selectiva para la catedral católica que se construyo en medio de las columnas.. No salvaría el Partenón, aunque sí las pirámides de Egipto por ellas mismas y por la maravillosa ciudad que ha ido creciendo a su alrededor.
De El Cairo ya he hablado anteriormente, pero esta lista permite muchas licencias, así que la menciono de nuevo para salvar la ciudad entera, con sus habitantes, porque una ciudad sin gente no es una ciudad sino una ruina. También respetaría el zócalo de Ciudad de México, el bulle-bulle interracial de Londres, los arrozales de Camboya en el momento exacto en que sale el sol tras la tormenta. No salvaría Madrid, y mira que me gusta, pero se trata de hacer una criba y Madrid, que no pasa ninguna, tampoco pasa ésta, porque aún sacando siempre una buena puntuación no destaca especialmente ni en localización, arquitectura, clima, historia, paisaje o paisanaje. Bueno, sí preservaría, además de la pagoda, una floristería situada en un pabellón al principio de la calle Huertas cuya supervivencia en medio de la ciudad, en un jardín presidido por un olivo de más de trescientos años es, afortunadamente, inexplicable. Estos días resisten bravamente los ruidos, polvos y piquetas procedentes de las obras de acondicionamiento para hotel de un edificio cercano. Curiosamente, salvaría lo que me está más próximo física o sentimentalmente, lo que veo todos los días al pasar o lo que el paso del recuerdo ha ido dejando en mi memoria. ¿Debería salvar entonces a Candela Peña?


6 comentarios:
A mi me encanta Candela, pero si TAFKA Breckinridge dice que hay dias que es insoportable, lo mismo vas a salvarla de la hecatombe y te escupe.
Qué buena entrada y qué bien contada, podía ser un simple listado de bellos monumentos y es un repaso sentimental nada sentimentaloide. Y además, (casi) cualquier post con Amparo Muñoz dentro es mejor.
Y me encanta el edificio de la AP. Podías poner un día de estos la que fue tu casa, que ya me (nos, seguro, nos) ha entrado curiosidad.
Brutalistic(?) kisses
1.- La más guapa: Amparo Muñoz. Nunca nuestro país ha producido algo tan bello.
2.- Candela, pues no, mira. Es mona, pero una borde. ¿Ya ano va Hugo Silva al gym? Tan decepcionante, no tiene culo...
3.- De Madrid sólo salvaría Torres Blancas y el Observatorio Astronómico. Y todos los Velázquez, claro.
4.- Preciosísimo el edificio de la Autoridad portuaria. El racionalismo lo es todo.
5.- Puntazo el himno de Riego. El del tatuaje de Amy Winehouse da mucha pereza, lo recuerdo (me referí a él en un post, como un pobre heterosexual despistado).
5.- The TAFKA, nada. Breckinridge o ardilla. Y ya no digo mah ná.
La floristería de Huertas merece sobrevivir, aunque no por lo que vende, que es todo muy malón. El olivo se lo merece todo, el pobre. Lo que aguanta en esa esquina.
A ver, por partes, que aquí alguno es como el misterio de la Santísima Trinidad: dos personas distintas y un sólo Dios verdadero.. :)
1.- Amparo Muñoz es la mujer más guapa que ha parido madre y su vida siempre al límite la hubiera hecho merecedora de un "olvidadas?" de tan imborrable recuerdo.
2.- Encontré una foto por internet de la casa en la que nací y viví hasta los once años. Me la descargué con intención de usarla para la entrada (aunque no lo parezca, me lo curro un poquito), pero al final decidí que no, tal vez por pudor, y la tiré.
3.- El del tatoo de Amy no me parece muy heterosexual que digamos....Ardilla/Breck, ¿recuerdas en qué post te referías a él?
Besos a los tres :)
Me referia a el en el post sobre "la lorza", porque el anterior post gimnastico era el del gym al que iba antes (junto a Rosa, Bertin Osborne y Carlos Jean, no me libro del famoseo...).
Y yo, como Theodore, tengo derecho a la bipolaridad (en su caso, cuatripolaridad, pero bueno), asi que nada de metersen conmigo. En vez de Trinidad, soy la Binidad. Binidad Jimenez, Ministra.
Menos mal que al menos alguien en la blogosfera (junto con Xim) me deja relajarme la cabeza un poquito y emanzipa mi alma despues de tanto desasosiego.
Me parece indispensable salvar a la Peña, es de lo mejor del panorama en general.
El edificio de la autoridad portuaria me ha quitado el hipo, me ha recordado al edificio de la equitativa (tremendamente parecido en diferentes ciudades de españa) que hay en San Sebastián al margen derecho del río Urumea a la altura del segundo puente, el de María Cristina. El racionalismo, no solo el arquitectónico, me fascina, sobre todo cuando lleva algo de modernista. Es que la mezcla chiquillo, donde se ponga una mezcla, que se quite tó!
Un beso desde la capital que se autodestruye y autorescata día tras día (soy el primero en entrar en los barcos y el último en salir, mejor en mar que en tierra firme).
Publicar un comentario