Tanta presencia internacional, tanto organismo comprometido con las libertades y la democracia no ha evitado, sin embargo, un fraude electoral de tan elevadas proporciones que ha permitido que el actual presidente, Hamid Karzai, haya sido reelegido por mayoría absoluta de los votos, lo que hace innecesario acudir a una segunda vuelta. Así, los votos fraudulentos han sido justamente los necesarios para no tener que volver a unas elecciones, programadas para bien entrado el otoño en un país de clima durísimo y pésimas infraestructuras: unas elecciones en ese mes en un país como Afganistán hubieran sido imposibles. La Unión Europea, sus observadores, a muchos de los cuales considero amigos, cree que un tercio de los votos que ha recibido Karzai son fraudulentos. A mis amigos, que llevan viendo, como yo, elecciones por medio mundo muchos años, les extrañaba que de lugares donde, en teoría por motivos de seguridad, no se había votado apareciesen consignados después votos, muchos votos, la totalidad de los votos posibles para Karzai: Si el padrón de un colegio electoral donde no se había votado estaba compuesto de 600 electores, aparecían luego 600 votos para el susodicho. Este patrón se repetía también en lugares donde sí se había votado, pero extrañaba que en unas elecciones con más de treinta candidatos, todos los votantes de un mismo colegio votaran al mismo candidato. Y esto, sin tener además en cuenta que nunca se dan participaciones del cien por cien, esto es, que la abstención, por las razones que sea, mayor o menor, siempre existe.
Así, mis amigos de la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea, se dedicaron a hacer su trabajo y, además, a hacerlo bien. Empezaron a comprobar listados de colegios electorales, cifras de participación, resultados. Miraron actas electorales y los comprobaron con los resultados oficiales que la administración electoral afgana, con la ayuda y la asistencia de las Naciones Unidas, ponía, quitaba y volvía a poner en su sitio web, Estudiaron las alegaciones que iban recibiendo de candidatos, partidos y organismos de la sociedad civil y cuando estuvieron seguros de lo que tenían entre manos, y con algunos con el susto metido en el cuerpo, presentaron el resultado de sus investigaciones. Todo técnico, todo frío, todo datos, pero todo esclarecedor. Pero nada ha pasado, o mejor, nada está pasando. La administración electoral afgana está investigando algunos casos de fraude, pero ¿son estos casos todos los existentes? Caben, además, unas cuantas preguntas: ¿Ha existido la voluntad política, no sólo del Gobierno afgano sino también de la comunidad internacional, de celebrar una segunda vuelta en noviembre? ¿Es posible celebrar elecciones como las afganas en un contexto como el afgano? ¿Se opta por el mal menor frente a una amenaza como la de los taliban? Estas, sin embargo, no son preguntas a las que pueda responder un mero observador, pero son las preguntas que deberían hacerse los organismos internacionales y los países que, como España, tienen allí tropas.
Yo estuve en Afganistán observando las elecciones presidenciales de octubre de 2004. El día de las elecciones, bajo la nieve, largas filas de afganos hacían cola para poder votar. Imagino que algo parecido ha tenido que ser, cinco años después, el pasado 20 de agosto, sólo que sin nieve y con un calor abrasador: Afganistán es un país duro, en todos los aspectos, incluido el meteorológico. Cuando supe que las elecciones estaban programadas para el 20 de agosto, y sabiendo que el sistema electoral en aquel país prevé una segunda vuelta si ningún candidato obtiene la mayoría absoluta en la primera, pensé que también se estaba previendo una victoria a la primera, ya que sería muy complicado volver a organizar unas elecciones en ese país en pleno otoño. Es decir, que nadie, incluidas la administración electoral afgana, el gobierno de ese país, los organismos internacionales y los países que allí tienen tropas, debía tener muchas ganas de que el proceso electoral se prolongase hasta casi el principio del invierno, teniendo en cuenta el frío, la nieve, la escasa infraestructura, la inseguridad y la guerra.
El fraude es una tomadura de pelo a aquellas personas a las que se enseña que lo correcto no es elegir a sus representantes a tiros sino mediante un sistema justo, libre, plural y democrático. Se les pide, además, que confíen en que los resultados que publicará, días después, la administración electoral van a reflejar la voluntad que han plasmado en sus papeletas, porque votar, a fin de cuentas, no deja de ser un doble acto de confianza: la que el votante deposita en la persona o partido al que vota y la que el votante otorga, también, a aquellos encargados de contar su voto. No he visto aún al Gobierno de mi país ni a ningún otro Gobierno u organismo internacional pronunciarse sobre este fraude. Sólo he escuchado dos voces: las de mis amigos observadores y la ese señor de las Naciones Unidas que ahora debe estar ya fuera de Kabul, supongo que con la conciencia muy tranquila y aliviado de salir de aquella ratonera donde parecía que el peligro provenía no de los talibán sino del fuego amigo. Y aún así, pese a que esas dos voces se apagarán prontísimo y todo pasará cuando pase el otoño, habrá que volver a explicar en muchos pueblos y aldeas de Afganistán que votar es bueno, y que no sólo es bueno sino que además es imprescindible.

2 comentarios:
Siempre me he preguntado de qué sirven los "observadores". Supongo que para contar lo que pasa sin poder hacer nada (o provocar que pase nada por parte de los organismos correspondientes, mejor dicho), porque mucha denuncia pero al final la cosa se queda como está
Claro que, supongo, si no existieran, los abusos y desmanes que se cometerían serían mucho mayores.
Pero si ni siquiera el fraude que llevó a Bush a la Casa Blanca se evitó, que esperan que se haga en un país como Afganistan.
Ay, qué mundo este.
Menos mal que siempre nos quedan los besos ;-)
Servimos para bien poco, ya lo ves. Pero se nos quedan el cuerpo de un contento cuando hacemos bien las cosas!....
Al final, no dejamos de ser unos mandados. Siempre hay, no sólo en este ámbito, sino en todos los ámbitos de la vida, instancias que toman decisiones en contra de toda razón. Y ahora me estoy acordando del COI, que por segunda vez deja a Madrid sin la posibilidad de organizar unos juegos olímpicos, siendo el Madrid para 2012 y para 2016, el mejor proyecto. Pero al final llegaron Londres y Río con un folio y un pen-drive y se llevaron el gato al agua. ¿Tú lo entiendes? Yo no.
Pues igual con la observación electoral, con la diferencia de a al menos a nuestros gobiernos los elegimos los ciudadanos y a los miembros del COI, ¿quién coño los elige?
Besos olímpicos
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